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Urge la nieve de chapopote

Urge la nieve de chapopote

Por Arturo Soto Munguia

La desmemoriada lectora, el amnésico lector quizá no lo recuerden, pero en abril de 2020 el presidente de la República anunció un plan emergente que destinaría fondos por 25 mil millones de pesos para pavimentación en 50 ciudades del país.

A cada una le correspondería en promedio, 500 millones de pesos. En la lista estaban incluidas Ciudad Obregón y Hermosillo.

En una de sus mañaneras el presidente dio su palabra de que esos recursos serían entregados y etiquetados para obras de pavimentación, pues esa era una demanda recurrente de alcaldes y alcaldesas en todo el país.

Hasta donde se sabe, al municipio de Cajeme, y de ello puede dar fe quien firmaba como presidente municipal, Sergio Pablo Mariscal Alvarado le asignaron cero pesos y cero centavos.

A Hermosillo le escamotearon el recurso durante varios meses y cuando llegó, una parte del mismo traía etiquetas para otras obras de Sedatu que no tenían que ver con bacheo, recarpeteo o pavimentación. Para este rubro se destinaron menos de 300 millones de pesos y como ya estaban encima las campañas electorales, las malas lenguas hicieron correr la versión de que una parte de los mismos se aplicó en los afanes reeleccionistas de la entonces alcaldesa Célida López Cárdenas.

Incluyendo, claro, aquél épico cierre de campaña entre la plaza Emiliana de Zubeldía y el Museo y Biblioteca de la Unison, donde la alcaldesa lució sus dotes cumbiamberos y guapachosos contoneándose pletórica de ritmo, sabor y alegría bajo las notas de su majestad La Brissa y su éxito musical La Colaless.

Por la pandemia o por lo que haya sido, aquellos 25 mil millones de pesos anunciados para pavimentación en 50 ciudades se volvieron humo y muy poco se sabe del avance de ese programa. De hecho, en Hermosillo la alcaldesa y el cabildo dieron marcha atrás a la venta del Cárcamo de La Sauceda, del que tenían pensado obtener 150 mdp para atender la grave situación que prevalecía en las calles de la ciudad, que lucían destrozadas.

Pero eso es historia. Célida no ganó ni un concurso de baile y tampoco la elección y así llegó a la presidencia municipal Antonio Astiazarán en 2021.

Para Morena -y para el presidente de la República- fue un golpe muy fuerte haber perdido la capital de Sonora, un estado donde su partido arrasó en los municipios más importantes y se llevó el carro completo en los siete distritos federales y por poco repetía la dosis en los distritos locales, donde solo perdió tres de 21.

Por eso inopinadamente, durante su mañanera del 13 de octubre de 2021, cuando Antonio Astiazarán apenas tenía un mes de haber rendido protesta como alcalde de Hermosillo, citó que el guaymense le había pedido seis mil millones de pesos para pavimentar Hermosillo. En realidad esa cifra provenía de un estudio que hizo el Instituto Municipal de Planeación tres años antes, durante la administración de la propia Célida López, pero le sirvió al presidente para mofarse socarronamente, como suele hacerlo de cualquier personaje de la oposición.

¿Y tu nieve de qué la quieres?, le espetó en esa mañanera, con su típica risita burlona.

El alcalde, que aunque apenas peina canas ya tiene un largo camino recorrido en la política mexicana y conoce bien las reglas no escritas de un sistema en el que no hay nadie más poderoso que el presidente, acusó el golpe pero no cayó en la provocación. Más aún, la bateó bien:

«Cuando se trate de tener mejores calles en nuestra ciudad, la nieve es más que bienvenida, y si es de chapopote, mejor, así como el programa que anunció el Presidente, un programa tripartita para poder hacer la inversión que necesitamos en las calles de nuestra ciudad”, dijo.

El episodio queda para el anecdotario, pero lo cierto es que los recursos no llegaron (la nieve de chapopote tampoco) y muchas calles de Hermosillo se encuentran igual o peor que como estaban cuando gobernaba Célida, aunque en descargo hay que decir que se puede citar la administración de cualquier otro alcalde de Hermosillo y el deplorable estado de las vialidades aplicará indistintamente. Y de otros municipios ni se diga.

Lo cierto también es que pese a la estrechez de recursos, Antonio Astiazarán lo venía haciendo bien. Desde el inicio de su administración comenzaron a verse obras de recarpeteo, bacheo, pavimentación y construcción de cruceros con concreto hidráulico. Como dato, en Hermosillo se ha invertido en obras el triple del dinero que entra a Tesorería por el pago de predial.

Pero llegaron las lluvias de verano, algunas con inusual fuerza y reapareció el fantasma que persigue a todos los alcaldes y alcaldesas en la capital del estado producto de esa combinación de malos materiales, falta de mantenimiento, tierra y basura acumulada a lo largo de los años. Baches, socavones, arroyos que se llevan el pavimento como si de chocolate se tratara.

En 11 meses se han reparado 190 mil 800 metros cuadrados, pero “por cada bache que tapamos salen tres nuevos”, se lamentó Astiazarán.

Por eso ayer el alcalde anunció que redoblará los trabajos para tapar 5 mil baches cada semana, con 70 trabajadores laborando en 15 cuadrillas con turnos dobles, empezando por las calles que concentran la mayor carga vehicular.

No es consuelo, pero ciudades como Cajeme, Guaymas, Navojoa o Nogales están peor que Hermosillo.

Y con esto no se trata de hacer una odiosa comparación, sino reconocer que el problema de la infraestructura vial, y más precisamente lo que tiene que ver con pavimentos es un verdadero dolor de cabeza para cualquier jefe de cualquier comuna, indistintamente del partido al que pertenezca.

Ojalá se reviviera el programa emergente de las 50 ciudades anunciado en 2020, porque alcaldes y alcaldesas ya no quieren nieve, a menos que esta sea de chapopote. Urge encontrar esos 25 mil millones de pesos anunciados hace dos años.

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