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Requiem por un avión presidencial

Requiem por un avión presidencial

Por Demian Duarte

De verdad que el tema del avión presidencial llamado “Benito Juárez” ha despertado una apasionada discusión entre la opinión pública, pues el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador pasó de la retórica de venderlo por considerarlo una suerte de agravio al pueblo de México, a la idea de rifarlo entre los mexicanos con la venta de 6 millones de boletos que costarían 500 pesos cada uno.

Esta sola posibilidad ha alimentado la polémica, entre quienes apoyan decididamente cualquier acción que emprende el presidente López Obrador y quienes le critican agriamente por cualquier postura que asume y presenta desde sus ruedas de prensa mañaneras.

El detalle es que el presidente tiene a todo México y a buena parte del mundo, hablando de su propuesta, algunos la califican de genialidad, otros de locura, el asunto es que nadie permanece indiferente.

La “ocurrencia” del presidente, que ahora se acerca cada día más a convertirse en una realidad se basa en la idea de obtener 3 mil millones de pesos a cambio del avión, algo así como 160 millones de dólares al tipo de cambio actual, lo que estaría por encima del valor de 130 millones de dólares que se le concede en la actualidad al Boeing Dreamliner 787 adquirido durante la administración de Felipe Calderón Hinojosa para uso y disfrute del gobierno de Enrique Peña Nieto, y el tema es altamente debatido, primero porque el asunto del avión presidencial fue uno de los elementos de mercadotecnia política a que más recurrió el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador en su búsqueda de convertirse en presidente de la República, durante la campaña del 2018 con el argumento de que se trataba de “un avión que no tenían ni Obama o Donald Trump”.

La critica social del hoy presidente López Obrador prendió, a partir de la lógica de que no era posible que México tuviera un gobierno rico, que vivía en la opulencia y el lujo y en la decadencia de un régimen corrupto, mientras el pueblo pasaba las de Caín.

López Obrador llegó al poder con una victoria arrasadora, con el argumento de que “por el bien de todos primero los pobres” y ese mensaje tan poderoso del presidente de la República hoy en día persiste como su bandera, su modo personal de ejercer el poder y su emblemática lucha de todos los días contra la corrupción, no hace más que enfatizar ese criterio.

El presidente sostiene —no sin razón— que si en México se acaba la corrupción el dinero de que dispone el gobierno alcanza para que el país alcance estándares de una nación desarrollada en servicios como los de salud, o en cuestiones como el bienestar de su población.

La razón de fondo es que en México se robó por décadas a manos llenas, los gobiernos del PRI y del PAN se determinaron a enriquecerse en la lógica malsana de que un político pobre, no es más que un pobre político, y la verdad es que el saqueo de las finanzas del gobierno y de la riqueza nacional llegó a niveles tan insultantes que la certeza de que los gobernantes eran corruptos era tal entre la población, que yo creo que sí no hubiera ganado López Obrador en las elecciones hace casi 2 años, el país hoy estuviera incendiado.

Tan así eran las cosas que yo sostengo que en muchos de los planes y proyectos de gobierno se asignaban presupuestos multimillonarios para obras que nunca se terminaban, o que incluso jamás se comenzaban, y en Sonora tenemos el ejemplo de la eterna modernización dela carretera de 4 carriles, que durante 3 sexenios estuvo en reconstrucción y solo hasta ahora 18 años después parece que se podrá terminar. Se robaban el 90 por ciento e invertían el 10, y eso era en la lógica de que “está bueno ser cochi, pero no tan trompudo” que tenían algunos de los políticos del llamado PRIAN.

Esa es la razón de fondo por la que a la mayoría de la gente le da tanto gusto esto del avión presidencial, mismo que se ha convertido en un símbolo del antiguo régimen (al igual que el hoy llamado Centro Cultural Los Pinos), donde los gobernantes vivían separados de la realidad de los mexicanos y eso alimentó el odio y rechazo a todo lo que oliera a los partidos que ejercieron el poder.

Lo más trágico es que lejos de entenderlo y asimilarlo, a la oposición (esa que el presidente llama “moralmente derrotada”) le da por defender la permanencia del avión presidencial y eso deja muy claro que siguen sin conectar con la gente y no entienden todavía que México cambió.

El asunto de la rifa del avión presidencial es algo que va a ocurrir y mire, le apuesto doble contra sencillo que los boletos se van a vender como pan caliente, en reflejo del apoyo y respaldo que tiene López Obrador entre los ciudadanos de verdad, no entre los troles y los bots, no entre quienes son parte interesada en los negocios chuecos y los privilegios del viejo régimen.

Correspondencia a demiandu1@me.com

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