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Ni para donde hacerse…

Ni para donde hacerse…

Por Arturo Soto Munguia

Despreciable, grave, condenable, asquerosa la aseveración del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno mejor conocido en el bajo mundo del hampa política como ‘Alito’, en el sentido de que a los periodistas hay que matarlos de hambre, no a balazos.

Pero no es menos grave el silencio de no pocos colegas, políticos de oposición y activistas de teclado que sistemáticamente lanzan condenas sobre las muy frecuentes alocuciones mañaneras del presidente de la República contra el gremio. Por más que quieran matizarlo con casos particulares, la raíz del desprecio hacia el ejercicio del periodismo incómodo para la clase política, indistintamente de su signo, es la misma: una presunta -y cuestionable, dudosa- autoridad moral desde un poder condescendiente al halago y furioso ante la crítica.

El tema tiene un mar de fondo en un país donde la relación prensa-poder navega en las mansas aguas de la hipocresía hasta que alguna revelación periodística o alguna situación coyuntural las convierte en un mar embravecido que saca a flote lo que en verdad se piensa de un lado y otro de esa relación.

Si en este espacio hemos sido puntualmente críticos con esa proclividad presidencial a contar en no menos de diez a los periodistas que apoyan su proyecto, asumiendo que el resto forma filas en el ejército enemigo integrado por conservadores y neoliberales, tampoco podemos dejar pasar las deleznables palabras del dirigente priista que resumen la soberbia y el desprecio, acaso motivadas por un caso particular, pero planteadas de tal forma que nos toca a todas y a todos.

En un país donde cada mañana se arenga desde la tribuna más poderosa del Estado contra ‘algunos’ periodistas, las palabras ‘sagradas’ del tlatoani se tropicalizan en cada ciudad, en cada estado donde sus fieles soldados con más comedimiento que discernimiento, asumen como orden suprema la réplica de tales concepciones. No todos, afortunadamente, pero de que los hay, los hay.

La cosa no sería tan grave si el telón de fondo no fueran los cadáveres de 155 periodistas asesinados en los últimos 22 años, según Artículo 19 (siete de ellos en Sonora); 141 hombres y 14 mujeres. En lo que va del año, 11 periodistas han sido asesinados en México y, según reconoce la propia secretaría de Gobernación, la impunidad en todos estos casos alcanza el 98 por ciento.

Y si desde el poder se arenga contra los periodistas (aunque se argumente que solo contra algunos) y desde la oposición uno de sus ‘líderes’ aconseja no matarlos a balazos, sino de hambre (aunque se argumente que la grabación fue obtenida ilegalmente y editada), pues la cosa pinta del carajo.

Esta aseveración de Alito Moreno es particularmente siniestra en un país donde la precarización laboral del gremio lacera a la inmensa mayoría de los periodistas. Si de matarlos de hambre se trata, Alito debe estar tranquilo, que de eso se encargan las empresas de medios. No todas, ciertamente, pero la mayoría.

Los millenialls no lo van a creer, pero hace un par de décadas me tocó conocer a un empresario de medios que, cuando alguien llegaba a solicitar trabajo y preguntaba cuánto le iban a pagar, el tipo respondía que nada. Que lo más que podía hacer era darle la ‘charola’ (credencial de ‘prensa’) y con ella se buscara el sustento.

Obviamente, eso ya no sucede. Porque ya no sucede, ¿verdad?

Así, cuando alguien se pregunte por qué la oposición no crece a pesar de las inconsistencias, omisiones, errores y escándalos de corrupción y nepotismo que permean a la 4T, basta escuchar a Alito Moreno (y muy posiblemente a otros que no han sido grabados) para entender que no han aprendido nada y nada tienen que ofrecer. Ni para donde hacerse.

II

Pero bueno, es lo que hay y como dice el dicho, con esos bueyes hay que arar, así que antes de que nos gane la amargura, mejor vamos a buscar un remanso de relax y esparcimiento; de diversión y convivencia porque hoy comienzan las Fiestas del Pitic y por cuatro días vamos a olvidarnos que cada uno es cada cual. Ya habrá tiempo, al final de bajar la cuesta y volver al rosal o al portal, a la misa o a la divisa, como dijo el clásico.

La inauguración será a las 8 de la noche en la plaza Bicentenario y correrá a cargo del alcalde Antonio Astiazarán, para dar paso a la presentación de los Rebel Cats y a las 22:00 horas el grupo Moderatto en la plaza Alonso Vidal.

El evento inicial será la obra ‘Seis ex esposas desesperadas’ en el teatro Emiliana de Zubeldía; cine, con la exhibición de la película ‘Miradas sobre la conquista’ y rituales originarios en la Plaza del Mezquite.

Con estas fiestas se celebra el 322 aniversario de la fundación de Hermosillo y la cartelera ofrece opciones para todos los gustos, privilegiando la presentación de artistas locales en diversas disciplinas: danza, teatro, música, cine, artes visuales, literatura y otras que incluyen una agenda para niñas y niños.

El programa oficial se puede consultar en la página www.fiestasdelpitic.com y realmente es extenso y variado: desde la orquesta filarmónica hasta las antiguas danzas húngaras y los no menos antiguos ‘tallarines’ que con gusto y soltura pueden arrimarse en el legendario Club Obregón con el grupo Nibbel 70, que el viernes y el domingo hará las delicias de chicos y grandes, especialmente de los chicos.

Si quieren ‘slamear’ hay punk, si quieren romancear a la antigüita está el GrupoYndio; si quieren rockear sin andadera están Los Apson; si quieren apagar la vela del cuarto de Tula habrá salsa. Rap, música de ensamble y de cámara…

En serio que la cartelera está muy nutrida y no alcanzaría este espacio para consignar todos los eventos pero la clausura, que se espera apoteósica será el domingo con la presentación de Cristian Nodal que, dicen, hará ahí mismo una coperacha para acabalar la endodoncia de Belinda y Lupillo Rivera apoquinará un billete, pero sin hacerlo público porque esas cosas no son de las que anda por ahí presumiendo un hombre hecho y derecho.

Bueno, pero aquí la dejamos porque ya agarré monte y mejor nos vemos esta noche en el centro histórico de Hermosillo. Traten de no ir en sus carros para evitar dolores de cabeza.

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