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Médicos: neoliberales, corruptos y mercantilistas

Médicos: neoliberales, corruptos y mercantilistas

Por Arturo Soto Munguía

La de medicina no es una carrera barata, aun si se cursa en universidades públicas. Tampoco es sencilla o de fácil acreditación. Exige años de entrega, aplicación, sacrificios, durísimas jornadas; mucho, mucho estudio y más prácticas. Pero sobre todo, vocación y una probada convicción de solidaridad y espíritu de servicio.

Hay en el gremio médico, y se sabe, quienes han abultado considerablemente sus cuentas bancarias, sobre todo en la ‘priva’, como se conoce en la jerga gremial al ejercicio de la medicina privada. Y quizás quienes lo hicieron no fue por casualidad, sino porque su preparación y capacidad los hizo destacar en sus especialidades, ya en la práctica, ya en la investigación, la docencia, las contribuciones a la ciencia. Por extenuantes jornadas de estudio y de trabajo que merecen ser compensadas.

La mayoría de los médicos y médicas no están en ese segmento, aunque aspiran a ello. Mayorías y minorías en el gremio han dado sobradas muestras en estos días, de voluntad y entrega. Muchos han muerto en la guerra contra el coronavirus o han sido contagiados por la precariedad en sus condiciones de trabajo, sobre todo en el sector público.

Esperarían un reconocimiento, o por lo menos, que no se burlaran de ellos, que no los discriminaran o atacaran.

En una más de sus innecesarias generalizaciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador hasta se dio el gozo ‘standupero’ de aventarse un pésimo chiste sobre los médicos del periodo neoliberal que se enriquecían y preguntaban antes de atender a un paciente:

¿Qué tienes?

 -No, pues que me duele acá, doctor.

 No. ¿Qué tienes de bienes?

Mal ‘timing’ en estos tiempos cuando los profesionales de la medicina están echando el alma para atender, incluso en las condiciones más precarias, una crisis que quizás no  habría escalado tanto si el presidente mismo no hubiera estado a la cabeza de una campaña personal en la que minimizó la pandemia en sus inicios, ya negándose a usar gel antibacterial o a suspender actos públicos masivos; ya mordiendo el cachete de una niña en sus giras o llamando a seguir con las actividades cotidianas como si nada pasara.

“Yo les voy a decir cuando no salgan”, mandató el presidente el 23 de marzo, con toda su fuerza moral y la seguridad de su liderazgo indiscutible. Porque es indiscutible que muchísima gente le hace caso. Gente entre la que quizás se encuentren muchos de los que ya no pueden reclamarle nada porque están muertos.

En su visión de blanco y negro, en la que no existen los grises y todo se reduce a una guerra entre liberales y conservadores, el presidente avanza tumbando caña contra el PRIAN, contra la prensa, siempre y cuando no se trate de Lord Molécula o Glucosa Atómica (neta, existe); ya se fue contra ingenieros y arquitectos a quienes acusó de corruptos y ahora se fue contra los médicos, justo cuando son la primera línea de combate en quirófanos y salas de espera. Ya se fue contra las malditas redes sociales.

Me dirán que hay médicos corruptos y les daré la razón. Pero ni son todos ni son los más.

De hecho, corruptos hay en todos lados: en el sector empresarial, en cualquier gremio, incluyendo el de la medicina. Es más, corruptos hay en el gobierno de López Obrador y en todos los gobiernos.

La diferencia estriba, y de eso sabe mucho Manuel Bartlett, por citar un ejemplo, en estar al lado del presidente, o en el espectro de ciudadanos que con justa razón se preguntan si en verdad vamos tan bien.

¿Habrá necesidad de dinamitar con esa frescura la legitimidad de los 30 millones de votos?

Es una pregunta válida, que seguramente se hacen sus encargados de prensa, imagen, redes y operación política. Y es una pregunta que nos hacemos muchos, a los que tampoco el presidente toma en cuenta.

Varias organizaciones de profesionales de la medicina han salido a reclamar por esos dichos del presidente. Pero pues son neoliberales y corruptos y por lo tanto, despreciables.

En fin…

 II

El pasado 7 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que por la pandemia de Covid19 se han perdido en los últimos dos meses unos 500 mil empleos en todo el país. Y que nada más en diciembre del año pasado se perdieron otros 400 mil “por esa otra pandemia de injusticia”, dijo en la mañanera de ese día.

Una semana después trascendió que debido a la reorientación de recursos para atender los estragos del coronavirus, se cancela el convenio de coordinación con los estados para mantener los programas del Servicio Nacional de Empleo.

Como citamos en el despacho anterior, eso significa que en todo el país, unos mil 200 empleados que laboraban en tareas de promoción de empleo, bolsa de trabajo, capacitación y becas, entre otras, pasarán a engrosar las filas del desempleo.

En Sonora hay unos 46 empleados en esas condiciones, a los que no se les pagó la última quincena de abril y son presa de la incertidumbre respecto a su situación laboral, pues si bien su contrato termina el 30 de junio, con las nuevas disposiciones temen que el cheque de la nómina del 15 de abril sea el último que vieron.

Esta es sólo una parte del drama. La otra es la de miles de usuarios del Sistema Nacional de Empleo que acudían a sus servicios para buscar colocarse en alguna empresa o recibir una beca mientras se capacitaban con miras a acceder a alguna plaza.

Entre otras cosas, el SNE organizaba la feria del empleo, un evento anual en el que diversas empresas e instituciones ofertaban plazas disponibles. Cabe decir que dichas empresas no financiaban siquiera las lonas, las mesas, los stands o la promoción del evento. Era el gobierno el que se encargaba de todo eso que hoy se está volviendo humo. Lo mismo aplica para otras ferias de empleo dirigidas a mujeres en unos casos, a jóvenes en otros.

Y el tijeretazo llega justo cuando la paralización económica derivada de la contingencia por el Covid19 ha llevado a la quiebra a miles de empresas micro, pequeñas y medianas que han tenido que echar a la calle a sus empleados.

El ejército de ‘parados’ aumentó en un millón más en lo que va del año y el SNE constituía una ruta por la que podían transitar en búsqueda de una plaza. Su desaparición creará un terrible ‘cuello de botella’ en el que ya se está dejando sentir una aglomeración inusitada, que por si fuera poco tiene en el personal encargado de atender y canalizar sus solicitudes, a un equipo de servidores públicos nerviosos, crispados, temerosos; con sus dramas personales y familiares a cuestas.

Con la certeza de que en un par de semanas tendrán que andar el viacrucis de la búsqueda de un empleo, en la desolación de un paisaje nacional donde sobresalen empresas cerradas, oportunidades escasísimas, competencia desesperada en la venta de lo que sea, en la oferta de servicios sin demanda, en el autoempleo sin mayores expectativas.

Por cierto, el personal del SNE no tiene base. Trabajan bajo contrato que se renueva a veces cada mes para no crear antigüedad y no generar derechos; por lo tanto no tendrán una liquidación que les permita sortear el lapso en el que encuentren un nuevo trabajo, si es que lo encuentran. Entre ellos hay padres y madres de familia mayores de 50 años a quienes se les complicará competir en un mercado laboral sin más oferta que la precarización del trabajo.

Todo parece indicar que no se ha dimensionado en sus justos términos la tormenta que se está formando. No sólo por los mil 200 servidores públicos despedidos, sino por lo que ellos mismos significaban como promotores y gestores de empleo para otras decenas de miles de personas que en condiciones normales acudían a sus servicios, pero que en tiempos de pandemia seguramente se multiplicarán.

Se supone que la reorientación de recursos federales (no sólo del SNE) tiene como objetivo atender principalmente a la población más vulnerable. Oficialmente se dice que son 25 millones de familias en todo México las que serán atendidas con becas, apoyos y subsidios.

Será muy interesante ver hasta dónde alcanza la cobija presupuestal para cubrir a todos.

Por cierto, en este tema no se ha conocido un posicionamiento de las autoridades laborales estatales ni federales. Veremos si en esta semana sabemos algo.

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