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La ‘muerte civil’ de los corruptos. Y la coperacha para Chayito

La ‘muerte civil’ de los corruptos. Y la coperacha para Chayito

Por Arturo Soto Munguia

Benditos aquellos que en algún momento legislaron para que las leyes no tuvieran una aplicación retroactiva, pues si así fuera, la iniciativa que los diputados de Sonora aprobaron a la legisladora panista Alejandra López Noriega, no iba a dejar títere con cabeza.

Sí, la llamada ‘muerte civil’ que ayer aprobaron en el Congreso local establece penas hasta de 50 años de cárcel para castigar a quien cometa actos de corrupción, además de inhabilitación y la obligación de reparar el daño patrimonial, es decir, obligarlos a que devuelvan lo robado.

Así, Sonora es el primer estado en aprobar la ‘muerte civil’ tanto para servidores públicos como a particulares y la iniciativa va de la mano con una de las demandas más sentidas de la población para acabar con la corrupción que tanto daño ha hecho al país y de la que no escapan militantes o afines de cualquier partido o ideología.

El tema es, sin embargo, mucho más complejo porque involucra a otras instituciones como el poder judicial, las contralorías y órganos internos de fiscalización, así como la fiscalía anticorrupción, donde suelen diluirse muchos casos por actos que paradójicamente, también podrían tipificarse como ‘delitos por hechos de corrupción’.

Como sea, la iniciativa de López Noriega es un paso más en ese largo y empinado camino rumbo a un ejercicio de gobierno más honesto y transparente, con instituciones más sólidas y dotadas de los famosos ‘dientes’ que hasta ahora, les han faltado a las fiscalías. Salvo en aquellos casos en que la aplicación de la justicia esté cruzada por el revanchismo, la venganza o el cobro de facturas políticas.

II

La historia de ayer y la de hoy está llena de casos en los que se aplica discrecionalmente la justicia; pletórica de chivos expiatorios y sobradamente documentada acerca de pillerías que se mantienen en la impunidad hasta que cambia la correlación política y cae el velo de santidad con que se protege a ciertos personajes mientras son políticamente afines, útiles o cómplices.

Rosario Robles Berlanga es acaso el ejemplo más a la mano para ilustrar lo anterior, pero no es el único. A la ex jefa del gobierno capitalino jamás le perdonaron (ni le van a perdonar) el desliz de haberse relacionado sentimental y políticamente con el empresario argentino Carlos Ahumada y los personeros más relevantes de la llamada Mafia del Poder, que le tendieron aquella trampa a René Bejarano en el famoso affaire de las ligas que sujetaban pacas de billetes presuntamente para la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Eso sucedió en 2004, rumbo a la elección de 2006, esa que el presidente recuerda cada vez que puede como un robo que permitió el arribo de Felipe Calderón a Los Pinos.

A Robles Berlanga se la estuvieron guardando muchos años, y cuando López Obrador llegó a la presidencia 14 años después de aquel episodio, fue la primera que cayó presa, no por el escándalo de las ligas, sino por presuntos delitos de dolo, omisión y malversación de recursos en el caso de la ‘Estafa maestra’, siendo funcionaria del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Si la ex funcionaria es culpable o inocente lo decidirá un juez, pero en ese proceso, le han dado con las puertas en la cara cada vez que ha querido acogerse a un criterio de oportunidad o algún otro beneficio legal.

También se ha revivido el caso del ex dirigente del PRI en Ciudad de México, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, un inobjetable leperazo de siete suelas acusado de operar una red de prostitución desde las mismas oficinas del partido.

El impresentable sujeto se encuentra en estos momentos prófugo de la ley, después de que un juez girara orden de aprehensión en su contra, por denuncias presentadas en 2014, cuyo expediente se reabrió el año pasado.

Es posible que sus abogados defensores sean los únicos en todo el país, dispuestos a dar la cara por este magnífico ejemplar de la descomposición política del país, pero también es sumamente notorio que la orden de aprehensión se gire a menos de tres meses de la jornada electoral 2021.

El señor es, por donde quiera vérsele alrededor de su voluminosa figura, un personaje bastante taquillero para la puesta en escena del grandioso espectáculo de la justicia que no es muy pronta ni expedita, pero sí muy oportuna cuando se trata de capitalizar electoralmente las venganzas que, como suele decirse, son platos que se sirven fríos.

Citamos estos dos casos porque en ellos existen procesos judiciales en curso. Hay otros dos que se registraron apenas ayer, pero no pasan de refritos periodísticos. Uno que involucra a Manlio Fabio Beltrones y su familia en un caso de presuntas operaciones con recursos de procedencia dudosa; otro que involucra a Alfonso Durazo en la compra de una casa de playa a un hijo del extinto narcotraficante Amado Carrillo Fuentes.

Este último caso sin duda es una respuesta del PRI a la andanada que se está dejando sentir contra algunos de sus personajes notables, pero insisto, ni en el caso de Beltrones ni en el de Durazo hay procesos judiciales en curso y buscan más bien un efecto propagandístico.

En contraparte y para documentar lo que mencionamos en las primeras líneas de este despacho, ni una sola denuncia contra funcionarios públicos importantes del gabinete lópezobradorista, o gente cercana ha merecido una sanción significativa y, en el mejor de los casos se han enviado a acumular polvo en los archivos.

Ni los Barttlet, ni los Ackerman, ni Pío López Obrador ni Felipa Obrador; ni Ana Gabriela Guevara, ni Carlos Lomelí (súper delegado en Jalisco) han sido tocados siquiera con el pétalo de un citatorio judicial.

Normal, si consideramos la vigencia de la vieja conseja popular a través de los sexenios: los verdugos de hoy son los que penderán de la horca mañana.

III

Y en temas locales, hay que celebrar, a despecho de aquellos maledicentes que no encuentran ningún punto de acuerdo entre los principales candidatos a la gubernatura, que por fin se pusieron de acuerdo en algo: las sedes de sus eventos.

Si uno está en Hermosillo, luego llega el otro y luego el otro. Si uno va a Navojoa, allá estarán los otros dos enseguida; si uno va a Nogales, los otros dos también van a Nogales. Al menos así ha ocurrido en los primeros cinco días de campaña.

No sé si sea una estrategia para facilitarle a los opinólogos y comentócratas su trabajo a la hora de medir aforos, o solo una coincidencia de las que dicen, no existen en política.

Lo cierto es que ahí andan los tres pisándose los talones y saludando a los mismos en los mismos mercados, las mismas calles y ya nomás les falta coincidir en los mismos ‘zoom’.

De los que no se sabe mucho es de los otros dos candidatos, el Bebo y el Temo. Y seguramente no se sabrá mucho de su existencia hasta el 27 de abril, fecha del primer debate, y luego hasta el 18 de mayo, cuando se llevará a cabo el segundo.

La que dio de qué hablar fue la candidata de Fuerza por México, Rosario Robles Robles, que explicó su inactividad con un lamentable argumento: no le tiran ni con un vale de gasolina y así pues nomás no puede ir ni a tomarse una foto en alguna colonia humilde.

De El Bebo y el Temo se entiende que no hagan olas porque, políticos profesionales que son, saben que fueron alquilados para trabajar dos días (los días de debates, cuando les toque patear el pesebre del que comieron tantos años). Jamás le invertirán tampoco a una campaña en la que sólo fueron alquilados para eso y si pueden pellizcarle algo a las prerrogativas lo van a hacer sin rubor y sin decoro, pero jamás meterán la mano a su bolsillo, donde parece que traen alacranes.

De la académica Robles si es más penoso el caso, porque su incursión en la ‘real politik’ ya le dio la primera bofetada y la puso en la disyuntiva de seguirle o retirarse de la candidatura. A menos que se organice una coperacha para mantenerla al menos hasta los debates.

Tuvo que salir la joven y experimentada Carito Lara para explicar que el IEE no les ha dado dinero desde enero, y el IEE a quejarse de que tampoco a ellos les han depositado.

En fin, la historia de estos tres candidatos es la parte cómico-mágica-trágica-musical de una campaña en la que realmente no tienen nada qué hacer en la contienda.

IV

Félix Salgado Macedonio no solo gano la encuesta que lo valida (revalida) como candidato a la gubernatura de Guerrero, barrió a sus contrincantes, todas mujeres por cierto.

Y una de las calificaciones más altas que tuvo, es en el reactivo donde se pregunta por el respeto a los derechos de las mujeres. Les ganó con 23 % a las mismísimas mujeres en contienda.

La que tuvo el porcentaje más alto en ese reactivo fue Adela Román con 14%, le sigue Nestora Salgado con 10% y muy lejos quedaron María de la Luz Núñez con 3.6% y Esther Gómez con 4.3%.

El ‘Toro sin trancas’ es pues, el candidato de las mujeres en Guerrero.

*risas grabadas*

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